Te tiñes el cabello, sales encantada/o del salón y durante unos días todo parece perfecto. Pero, de repente, el color pierde intensidad, el pelo se nota más áspero, aparece encrespamiento y el brillo se apaga. Muchas veces no es “culpa del tinte”, sino de pequeños hábitos diarios que van desgastando el color y debilitando la fibra sin que te des cuenta.
Después de una coloración, el cabello cambia: queda más sensible y necesita una rutina distinta. De hecho, especialistas insisten en que el error más común es seguir usando los mismos productos y tratar el cabello exactamente igual que antes; a partir de ahí, el acondicionador deja de ser opcional y el tratamiento profundo debe entrar en la rutina semanal, especialmente si el cabello se siente seco.
A continuación tienes los fallos más habituales (los “enemigos invisibles”) y, lo más importante, cómo corregirlos sin complicarte.